Prepara la masa: mezcla la harina con la sal, el aceite y el agua tibia, y amasa bien (a ser posible con la batidora). ¡La masa ya está lista!
Ahora solo tienes que extenderla en forma de disco o de rectángulo, según el tamaño de tu bandeja.
A continuación, prepara el relleno: mezcla en un bol la nata fresca y el queso blanco. Añade la pimienta y la nuez moscada rallada. La mezcla debe quedar bien condimentada.
Enciende el horno a 230 °C.
Corta las cebollas en rodajas bastante finas; puedes rehogarlas, pero si no, se cocinarán en el horno.
Coloca la masa en una bandeja forrada con papel de horno (o en una pala de pizza para pasarla después a tu ladrillo refractario caliente).
Con una espátula, extiende la mezcla sobre la masa dejando un borde de 1 cm. Reparte uniformemente los trocitos de tocino y un puñado de cebolla.
Mételo en el horno cuando esté a la temperatura adecuada.
La tarta estará lista en unos 8 o 10 minutos. La tarta debe empezar a dorarse. Sírvela caliente.
Notas
Acompáñalo con una cerveza o un Sylvaner (un vino blanco fresco y no demasiado dulce).